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Condecoraciones militares (I): la Antigüedad

"Dulce et decorum est pro patria mori"
Horacio

Desde antiguo se ha honrado a aquellos hombres que han realizado hazañas, a menudo perdiendo la vida, en defensa de su patria. En verdad nada hay, para mí, más hermoso. Según podemos ver en la cita que encabeza esta entrada, Quinto Horacio Flaco era de la misma opinión.

A los generales egipcios victoriosos, especialmente en tiempos del Imperio Nuevo, se les concedían medallas con forma de mosca, por su perseverancia y valor ante el enemigo. Como esta:

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Igualmente, sabemos que los espartanos que merecían la muerte en combate (que volvían sobre el escudo) eran especialmente honrados, así como las mujeres que morían de parto, los únicos en Esparta que se ganaban una tumba con epitafio.
Sus rivales atenienses premiaron también a sus capitanes que mejor dispuestas tuvieran las naves, así como a aquellos que realizaran actos de valor.

Los celtas asimismo premiaban a sus guerreros más ilustres con collares de oro o de bronce (denominados torques), frecuentemente adornados con imágenes de sus dioses.

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Naturalmente, los romanos concedieron también distinciones y honores a sus ciudadanos que llevaban a cabo hazañas bélicas en defensa del Senado y el Pueblo de Roma. Los romanos, como no podía ser de otra manera, fueron los primeros, de hecho, que establecieron o codificaron los requisitos para que fueran concedidas. Como podremos ver en los siguientes ejemplos:

1.- Corona gramínea u obsidional (corona obsidionalis o corona graminea): Esta corona era otorgada a quienes salvaban un ejército. Estaba reservada sólo a generales que salvaban un ejército entero. Se otorgó muy rara vez durante la historia de la República. La corona, como su nombre indica, estaba hecha con flores, hierbas y espigas de trigo, que eran recogidas en el mismo campo de batalla y entretejidas formando la corona. La otorgaba el general del ejército que había sido salvado a su salvador. De ella, habla (cómo no) Plinio en su Historia Natural, gracias a él sabemos también los nombres de aquellos generales que la recibieron, entre ellos destacaré a: 

Publio Decio Mus: que recibió nada menos que dos coronas. Una de sus propias tropas y otra de las tropas cercadas que rescató. Este hombre (como haría también su hijo) pereció en combate, tras consagrarse a sí mismo y al ejército enemigo como víctimas para los Dioses Infernales, en cumplimiento de los augurios.
Quinto Fabio Máximo Cunctátor: que evitó la toma de Roma por Aníbal se hizo merecedor de esta corona.
Octavio Augusto: aunque le fue otorgada por el Senado, más como honor que como merecimiento sobre el campo de batalla (uno de los múltiples honores que recibió Augusto por su Senado).

2.- Corona cívica: otorgada por salvar la vida a un ciudadano romano en batalla, estaba hecha con hojas de roble (o encina), como se ve en este busto de Augusto tocado con ella:

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La corona cívica no será la única condecoración militar en la historia que tenga hojas de roble, como veremos en el futuro. No en vano el roble ha sido considerado siempre un árbol especialmente sagrado entre todos los pueblos indoeuropeos (relacionado con Júpiter - y el Deus Pater indoeuropeo).

Originalmente bastaba que el rescatado contara la hazaña para que se concediera, no obstante, tratándose de un gran honor, luego se hizo más estricta su concesión y requería haber salvado a un ciudadano en batalla, muerto a su oponente y mantenido el campo. El rescatado debía proclamar el hecho, lo que aumentaba la dificultad, porque un legionario no estaría muy dispuesto a reconocer tal cosa.

La corona cívica también fue utilizada como un instrumento político, así se propuso su concesión a Cicerón por desenmascarar la conspiración de Catilina o a Augusto, como salvador de la patria, cual se ve en la fotografía anterior.

3-. Corona mural: otorgada al primero que saltaba el muro de una ciudad enemiga, consistía en una corona de oro adornada con torres y era otorgada por el general del ejército (según cuentan Aulo Gelio y Livio). Al ser una de de las mayores distinciones del ejército romano, no se concedía sino tras una adecuada investigación (como hoy día en las condecoraciones más rigurosas, como la Cruz Victoria o la Laureada de San Fernando).

4-. Corona vallar: otorgada al primero que saltaba el vallum, la "valla", del campamento enemigo. Igual que la anterior también consistía en una corona de oro adornada de empalizadas.

5-. Corona naval: otorgada al que tomase al asalto una nave enemiga. Estaba adornada con rostra (o espolones de naves), por eso también se la conoce como "rostrata". Con posterioridad se concedió al general que venciera una flota enemiga. Así se la dieron a Agripa por vencer a Sexto Pompeyo en el año 36 A.C. Se dice que fue M. Varro quien primero la obtuvo precisamente de Cneo Pompeyo Magno, padre de Sexto.

Además de estas coronas, no podemos olvidar el triunfo o la ovación, que eran las más grandes distinciones concedidas a los generales victoriosos romanos, aunque aquí trataremos más especialmente de las distinciones obtenidas por un soldado individual por su valor en combate más que por un general victorioso.

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Las coronas no fueron las únicas "condecoraciones" otorgadas por los romanos, cuando estos combatieron a los pueblos celtas de la Galia Cisalpina, se apropiaron del torques como distinción militar. Conocida es la anécdota por la cual el cónsul Tito Manlio Torcuato se ganó su apodo ("Torquatus", el del torque), tras desafiar a un guerrero galo en combate singular y abatirlo, arrebatándole el torques que el galo llevaba.

Desde ese momento, el torques sirvió para honrar a los soldados romanos más distinguidos. En especial, los soldados veteranos y los centuriones los llevaban como señal de su valor.

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Además de los torques, los romanos concedían igualmente medallas o "phalerae", otorgadas también por valor en combate. Solían ser de oro, plata o bronce y se llevaban cosidas sobre la coraza. En la ilustración puede verse un centurión con faleras:

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Las phalerae también podían otorgarse a toda una unidad militar, en este caso las llevaban a guisa de estandarte.

Aquí se ve la tumba de un centurión condecorado, donde se le ve con las phalerae y los torques que mereció en vida:

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La inscripción reza: "A Marco Celio, hijo de Tito, de la tribu Lemonia, de Bolonia, centurión de la Legión XVIII, de cincuenta y tres años, cayó en la guerra de Varo. Sus huesos - si son encontrados - pueden ser depositados en este monumento. Publio Celio, hijo de Tito, de la tribu Lemonia, su hermano, hizo esto." Si Dios quiere abriré algún día un hilo sobre epigrafía funeraria. A mí los epitafios que más me agradan son estos, claros y concisos, lacónicos incluso. 

Marco Celio murió en la batalla de Teutoburgo, que supuso el más grande desastre romano desde Carras, y en la que se perdieron tres legiones (la XVII, la XVIII y la XIX) en Germania. Esta batalla supuso la pérdida definitiva de la provincia de la Germania Magna que se extendía del Rin al Elba.
Los romanos ya nunca intentaron seriamente el control de esta provincia aunque en ocasiones la recorrieran en sus expediciones militares, como la de Germánico, que vengó el desastre de Varo y se ganó a sí su sobrenombre con el pasaría a la historia.

Sin duda debía ser todo un espectáculo poder contemplar un centurión veterano como Marco Celio, con sus torques y sus phalerae, dando órdenes a los legionarios.

Así pues, en este pequeño repaso hemos podido ver cómo ya en la Antigüedad se premió el valor en la batalla, espero que en futuras entregas vayamos desgranando las condecoraciones militares que han existido a lo largo de la historia, mencionando cuando venga al caso algunos sucesos ejemplares que merecieron tales distinciones.

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