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Trovadores (I): Jaufré Rudel de Blaya

Estrenamos hoy una serie de entradas sobre los trovadores, empezamos por uno de ellos, Jaufré Rudel, de trágico (y legendario) destino:

"Jaufré Rudel de Blaya fue muy gentil hombre y príncipe de Blaya. Y se enamoró de la condesa de Trípoli, sin verla, por lo bien que hablaban de ella los peregrinos que volvían de Antioquía. Hizo por ella muchos versos, con buenas melodías y palabras sencillas. Con el deseo de verla se hizo cruzado y embarcó, enfermando en la nave; fue llevado a un hostal de Trípoli, como muerto. Se lo hicieron saber a la condesa, que fue a verlo al lecho y lo tomó entre sus brazos. Jaufré se dio cuenta de que era la condesa y al instante recobró el oído y la respiración y alabó a Dios, por haberle mantenido la vida hasta que pudo verla; así murió en sus brazos. La condesa lo hizo enterrar en la casa del Temple; después, el mismo día, se hizo monja por el dolor que tuvo con su muerte."

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Aquí la leyenda en lengua de Oc, hermosísima, vale la pena hacer el esfuerzo en comprenderlo en versión original:

"Jaufres Rudels de Blaia si fo mout gentils hom e fo princes de Blaia. Et enamoret se de la comtessa de Tripol, ses vezer, per lo ben qu’el n’auzi dire als pelerins que venguen d’Antiocha. E fez de lleis mains vers ab bons sons, ab paubres motz. E per voluntat de lleis vezer, el se croset e se mes en mar; e pres lo malautia en la nau, e fo condug a Tripol, en un alberc, per mort. E fo fait saber a la comtessa et ella venc ad el, al son leit, e pres lo antre sos bratz. E saup qu’ella era la comtessa, e mantenent recobret l’auzir e· l flairar, e lauzet Dieu que l’avia la vida sostenguda tro qu’el la agues vista; et enaissi el mori entre sos braz. Et ella lo fez a gran honor sepellir en la maison del Temple; e pois, en aquel dia, ella se rendet morga, per la dolor qu’ella n’ac de la mort de lui."


Hasta aquí la leyenda, aquí su vida según la wikipedia:


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Su obra es magnífica, recomiendo leerla en Occitano, que se entiende perfectamente, y más si se tiene una traducción castellana a mano para disipar las dudas. La podéis encontrar en el libro de Alianza Tres "Poesía de Trovadores, Trouvères y Minnesinger", antología de Carlos Alvar - libro que también usaré para hablaros de otros de estos individuos que desafiaban al "gilos" (celoso) y a los "lausengiers" (envidiosos) para estar con su dama.

En los links encontraréis algunas de sus obras:

La leyenda de Jaufré y Hodierna (pues así se llamaba la condesa) fue muy difundida en la Edad Media, y tuvo un auge especial medio milenio después, en pleno romanticismo, siendo fuente de inspiración para múltiples obras, de Heine, Browning, Swinburne o Rostand, entre otros. Hemos de suponer que cualquier parecido con la realidad fue mera coincidencia, sin embargo originó un buen puñado de obras de arte.

Así Browning pergeñó esta maravilla:

I
I know a Mount, the gracious Sun perceives
First, when he visits, last, too, when he leaves
The world; and, vainly favored, it repays
The day-long glory of his steadfast gaze
By no change of its large calm front of snow.
And underneath the Mount, a Flower I know,
He cannot have perceived, that changes ever
At his approach; and, in the lost endeavor
To live his life, has parted, one by one,
With all a flower's true graces, for the grace 10
Of being but a foolish mimic sun,
With ray-like florets round a disk-like face.
Men nobly call by many a name the Mount
As over many a land of theirs its large
Calm front of snow like a triumphal targe
Is reared, and still with old names, fresh names vie,
Each to its proper praise and own account:
Men call the Flower, the Sunflower, sportively.

II
Oh, Angel of the East, one, one gold look
Across the waters to this twilight nook, 20
--The far sad waters. Angel, to this nook!

III
Dear Pilgrim, art thou for the East indeed?
Go!--saying ever as thou dost proceed,
That I, French Rudel, choose for my device
A sunflower outspread like a sacrifice
Before its idol. See! These inexpert
And hurried fingers could not fail to hurt
The woven picture; 't is a woman's skill
Indeed; but nothing baffled me, so, ill
Or well, the work is finished. Say, men feed 30
On songs I sing, and therefore bask the bees
On my flower's breast as on a platform broad:
But, as the flower's concern is not for these
But solely for the sun, so men applaud
In vain this Rudel, he not looking here
But to the East--the East! Go, say this, Pilgrim dear!


Y Swinburne no se quedó atrás:

The death of Rudel

Lift me a little on my bed,
All this day about my head
Sudden sounds have fled and fled
As the waters flee.

I look into the sunset red,
I put both hands behind my head
To hear if anything be said
I lie as one that long is dead;
I pray you, lift me on this bed
That I may hear and see.

So now, you feel my time hath ran,
Men will praise me as they can
For the honour that I wan,
“This Rudel was a famous man,”
For kings have praisèd me.

I ask you what avail is this?
Better for a man it is
To have had of her one kiss
That in life and love was his,
Than to have all praise.

Tell me, wherein shall this avail?
For, see, my hands are lean and pale,
And at my heart the warm veins fail,
And I have had my days.

And this life of mine has gone
Thro’ its times of mirth and moan,
And kiss of maiden had I none,
Tho’ I never loved but one
All this life of mine.

Help of love have I not had,
And sometimes my heart grew mad,
That all other men were glad
While I went so white and sad
At the revels the king bade
Where they drank their wine.

All night long and day by day
While on this ill bed I lay,
Thro' the bloom and balm of May
The same noise have I heard.

The dull waters slipping slow,
The wan waters lapping low,
And no pleasant breath would blow,
And no song would help me so
As one spoken word.

All this pain avails me not,
Heart and head are weak and hot,
The hope is withered from my thought,
The love is plucked out of my lot
As feathers from a bird.

At Tripoli

The sharp cords slacken, the keel sways,
I hear the fretted shingle graze,
A rippling anger stirs and frays
Along the golden water-ways;
We should be close on land.

Ah! Christ, that yet for all my pain
In this heart and beating brain,
(Lest men say my love were vain)
I might but touch her hand.

I am so tired, I cannot see
The black masts corded over me,
And past my head strange noises flee,
Noises flee and fade.

In the light and in the gloom
I feel new faces go and come,
Saddened all, and tender some
As face of any maid.

Ah! the rustle of her feet,
Ah! the murmur faint and sweet,
Thro’ the blowing snows that fleet
Round and over me.

This is she that I would have;
Lo, the eyes so great and grave,
And the lips of power to save,
That I came to see.

I praise God that I shall die,
From thin lips a thin glad cry
Brake as I beheld her nigh,
To praise God for this.

Ah! she never saw me yet,
But her pearl-white lids seem wet;
Will she love me or forget
As the manner is?

Her gold hair, heavy and sweet,
Clothes her straight from face to feet,
As she stoops the tresses meet.
Ah, dear Lord, I prayed for it,
I have had her kiss.

(He dies.)


Sólo por estos dos poemas, la leyenda de Rudel debería ser cierta.

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El tema influyó naturalmente en la pintura, como se ve en esta muestra magnífica del Prerrafaelismo.

Un link interesante:

El tópico del "amor de lejos" fue bastante común a todo el Medioevo, de hecho anteriormente a Jaufré Rudel ya podemos encontrar un antecedente en el conde Guillermo de Poitiers (1071-1126), que fue uno de los caballeros más corteses del mundo y uno de los mayores burladores de damas, en su magnífica (e irónica) "Farai un vers de dreit nien" ("Haré una poesía de absolutamente nada"), ya prefiguraba este "love from afar" que luego otros se tomaron a la tremenda:

"Tengo una amiga, no sé quién es:
nunca la vi, por mi fe,
ni hizo nada que me agradara o pesase y no me preocupa:
nunca hubo abundancia en mi casa.

Nunca la vi y la amo mucho;
nunca obtuve de ella favor, ni me ofendió..."

Así lo hicieron también los bárbaros islamitas, que formularon el "amor udrí" como su paredro ismaelita. Uno de sus máximos exponentes fue el poeta Qays ibn Al-Mulawwah, cuyo nombre quedó unido al de su amada Layla (como el de Jaufré a Hodierna) y que fue recordado a menudo como Qays el loco o el Loco de Layla. Este amor (en esto se asemeja muchísimo al amor cortés - no entraré en cuál deriva del otro) es puro, casto, una pasión noble, que asemeja la amada a la divinidad. No pretende la unión carnal ni sexual.

“Por una como Layla, los hombres se matan.
Cierto es, por ella estoy desesperado.
¡Oh amigos míos!, si me alejan de ella, acercadme
el ataúd y la mortaja, y para mí pedid misericordia”.

Se dice incluso que cuando Qays vio finalmente a Layla le dijo que se apartara de su vista (y no por su fealdad), pues el al fin y al cabo él amaba un arquetipo, no a una persona.

http://en.wikipedia.org/wiki/Layla_and_Majnun

La historia de Layla y Majnun (el Loco) tuvo una difusión extraordinaria en Oriente, pasó a Persia y a Azerbayán y llegó hasta la India (y a Eric Clapton y su "Layla").

El amor cortés, aunque se asemeja a este, fija entre el amante y la amada una relación cuasifeudal que reproduce los gestos del vasallaje, incluso se llega a denominar a la dama "midons" (mi señor), y se insiste en la ceremonia feudal de la "immixtio manuum" (el señor toma la mano del vasallo entre la suyas) y le da un "osculum" (beso), el trovador anhela lo mismo de su dama, que le tome la mano y le dé el beso vasallático, pues para él servir es amar y amar es servir.

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PRÓXIMAMENTE: BERTRAN DE BORN.

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1 comentarios en este artículo

  1. Pues me ha gustado mucho. Muchas gracias por traerlo a Internet.

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