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Recetas para el desapego

El mundo en que vivimos pretende hacernos creer que la felicidad es un bien de consumo. Es más, hay evidencia que el consumismo y el materialismo son causantes de baja autoestima. Una paradoja perfecta y caldo de cultivo ideal para nuestros cerebros: tenemos la noción de que más es mejor. Investigadores de la Universidad de Bonn, descubrieron que los humanos no es que desean tener más, realmente, sino que desean tener más que los demás. La competencia, totalmente necesaria para la evolución de la especie, hoy nos está jugando una mala pasada.



La publicidad es aliada fundamental de este sistema, encargada de convencernos de que la felicidad está ligada a una nueva adquisición. Si publicidad engañosa es aquella que promete lo que no puede ofrecer, la que nos fascina con pronósticos de felicidad, dicha sin fin y sonrisas a mansalva, se lleva la palma de la mentira.
Nuestra desmemoria se lo pone fácil a quienes pretenden vendernos la burra de una felicidad de supermercado. Básicamente porque un nuevo producto, o un tres por dos, viene a apaciguar nuestra decepción por el malogro de la anterior compra. De este modo, es posible ir de fracaso en fracaso casi hasta el infinito, sobre todo si uno se traga la mentira constante de la publicidad. Si al final sobreviene el hastío, la sensación es el cansancio y la actitud el cinismo ante cualquier esperanza de felicidad, aunque esta vez sea cierta.

Lo peor es que esta mentalidad consumista alcanza territorios tan serios como el del amor. Las parejas se rompen porque sus miembros se tratan como meros objetos de consumo. De ahí que se caiga en un continuo volver a empezar, zanjando la anterior decepción con una paletada de amnesia. Pero el corazón no olvida, y el amor queda por el camino. Sin amor no podriamos volver a levantarnos del fracaso más absoluto, en pos de una felicidad pre-fabricada en el interior de una masa gris que se encuentra entre las orejas. 

Es el apego a una fantasía, a la irrealidad de una ficción en nuestra vida. La publicidad utiliza recursos como el Slice of life (pedazos de vida) para idealizar un estatus de felicidad, y trás el deseo viene el desaliento, porque “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”, y ni eso. El resultante es que la sensación de satisfacción se esfuma en cuestión de minutos luego de la compra. Vuelta al vacio, a la infelicidad. Como dijo un periodista 2.0 “a ver si aprendres a no confundir el mundo con su representación”

La felicidad, como el amor, nunca puede encontrarse en las rebajas, y mucho menos en los “objetos” de consumo que brillan en la pantalla del TV. Así la persecución de esa identificación con lo publicitado es sólo un espejismo. Aquellos que se crean ser mejor que tú por tener lo último en tecnología, no son más que seres primitivos que no han podido reponerse al instinto de nuestros antepasados

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1 comentarios en este artículo

  1. Mientras el foro se arregla estamos aquí:

    http://officebreak.creatuforo.com/index.php

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